Biocombustibles: nuevos escenarios para producción y consumo

A partir de 2010 será obligatorio en Argentina el uso de una mezcla de nafta o de gasoil con un cinco por ciento, como mínimo, de bioetanol o biodiesel. Desde la UNNOBA desarrollaron una investigación de los territorios productivos y las redes de energía en el noroeste de la provincia de Buenos Aires.

A partir de 2010 será obligatorio en Argentina el uso de una mezcla de nafta o de gasoil con un cinco por ciento, como mínimo, de bioetanol o biodiesel. Desde la UNNOBA desarrollaron una investigación de los territorios productivos y las redes de energía en el noroeste de la provincia de Buenos Aires.


La elección de esta región responde, entre otros motivos, a que es centro de producción sojera. La investigación comenzó en 2006 cuando, con la sanción de la ley de Biocombustibles se formaliza la producción de biodiesel de soja en Argentina, ubicándose nuestro país como uno de los primeros productores del mundo aunque aún, paradójicamente, no hay una producción formal destinada al mercado interno.

La investigación llevada a cabo por la UNNOBA deja en evidencia que en el país -cada vez más dependiente de los hidrocarburos y de volúmenes mayores de gasoil importado- crece rápidamente la producción de biodiesel de soja, aunque el biocombustible se destina a la exportación, mientras que los proyectos para autoconsumo y mercado internos están postergados.

La investigación comenzó en 2006, año en que se sanciona la ley n° 26.093 de Biocombustibles y comienza a darse formalmente la producción de biodiesel de soja. “Durante los dos años que hicimos este trabajo vimos cambios muy rápidos. Hasta entonces había pequeños emprendimientos informales desarticulados, pero desde la aprobación del marco jurídico se habilitaron unas 14 plantas de biodiesel. En su mayoría, se trata de megainversiones para producir a gran escala y exportar. De esta manera, Argentina se posicionó rápidamente entre los primeros productores de biodiesel del mundo”, explicó a InfoUniversidades la investigadora a cargo del proyecto, Silvina Carrizo.

La elección de la región Noroeste de la provincia de Buenos Aires (NOBA) para desarrollar la investigación no fue casual: “Es epicentro de la producción agrícola, en especial sojera, y por ende, fuente de materia prima para producir biodiesel. A su vez, se trata de una región con problemas energéticos. En consecuencia, queríamos estudiar el potencial desarrollo de las redes de biocombustibles y averiguar cuáles eran las posibilidades de que aportaran a su autonomía energética y al autoabastecimiento de los productores, y que contribuyeran con beneficios socioeconómicos al desarrollo productivo de la región”, agregó la investigadora.

La ley sancionada en 2006 habla de tres destinos posibles para el biocombustible: el autoconsumo, el mercado nacional y la exportación. El mercado interno quedaría distribuido entre los productores que provean las cuotas de biocombustibles que la secretaría de Energía les asigne en función de la demanda que anualmente estime necesaria. La producción de biocombustibles para autoconsumo se define como la posibilidad de que una persona produzca biocombustibles para abastecer sus propias necesidades, a partir de materia prima producida por sí misma. Es requisito que se dedique mayoritariamente a la producción agropecuaria. La ley aspira a favorecer la diversificación productiva del sector agropecuario, promover el desarrollo de los productores agropecuarios -otorgándoles beneficios promocionales- y dar prioridad a los proyectos de economías regionales.

Sin embargo, hasta la actualidad, el mayor número de proyectos se reparte entre las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, y las producciones actuales están destinadas a la exportación. Una serie de megaplantas se concentró en torno al complejo portuario de Rosario. Son fruto de las inversiones de grandes actores del sector agroindustrial que ya controlan la transformación de la soja en harina o aceite, y que aglutinaron en esa región sus instalaciones, que incluyen terminales fluviales. “El atractivo principal para estas empresas pasaba porque las retenciones al biodiesel estaban muy por debajo de las retenciones a la soja o al aceite de soja: un incentivo para la exportación, sumado esto a la demanda de biodiesel, creciente a nivel mundial y abriendo la oportunidad de alcanzar nuevos clientes y nuevos mercados”, apunta Carrizo.

Con la puesta en marcha de las plantas para exportación, Argentina ascendió en el ranking de países productores de biodiesel pero, paradójicamente, no hay una producción formal de biocombustibles destinada al mercado interno ¿Cómo se cubrirían entonces los volúmenes que se necesitan a partir de 2010 para el consumo interno obligatorio? “La falta de proyectos ad hoc se debe, en gran medida, a que las reglas de juego tardan en fijarse. No obstante, se evalúa la posibilidad de destinar parte del biodiesel producido por las grandes empresas exportadoras al mercado interno y hay interés por tomar ese camino. Existiría también la posibilidad de que se demorase la entrada en vigencia de la normativa. En lo que concierne al bioetanol, los ingenios azucareros están poniendo en marcha proyectos que podrían abastecer los volúmenes requeridos”, explicó Carrizo. La investigadora evocó que la constitución de las redes de biodiesel y bioetanol tuvieron trayectorias diferentes. “Para conseguir inversiones para la producción de bioetanol, el gobierno extendió a los ingenios azucareros los beneficios que originalmente estaban destinados a los pequeños productores agropecuarios”, agregó.

“En cuanto al autoconsumo, a pesar de la demora en las normativas y los bajos precios internos de los combustibles fósiles en Argentina -que vuelven poco competitivas otras fuentes de energía- surgieron distintos proyectos. Varios se localizan en Córdoba, sur de Santa Fe y sur de Buenos Aires. Algunos se articulan a un proyecto que está liderado por la Federación Agraria Argentina (FAA), que aspira a elaborar biodiesel a partir de colza”, agregó.

Progresivamente, el estudio se fue extendiendo al conjunto de la región pampeana, abarcando las nuevas y mayores áreas de localización de la producción de biodiesel. En la región NOBA se destaca un proyecto asociado a la industria de los biocombustibles llamado “Proyecto de generación y optimización de tecnologías de producción de Biocombustibles e implantación del Laboratorio de investigación, desarrollo y garantía de calidad”. Éste reúne actores privados y públicos. Entre ellos, Enarsa, las municipalidades de Junín y Chacabuco, Fundación Innova T, Conicet, Unnoba y el consorcio productivo del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Su objetivo es desarrollar investigaciones, transferencia de conocimientos, brindar servicios de certificación de calidad y productivos.

En este trabajo participaron también Martine Guibert de Université de Toulouse Le Mirail 2 y Sebastien Velut del Institut de recherche pour le developpement y colaboró el licenciado José Luis Berdolini. La investigación continúa en la Universidad del Noroeste de la provincia de Buenos Aires a través de los proyectos “Landuse change, biofuels and rural development in the La Plata Basin (IAI-IRDC, 2008-2010) y PICT Red 2006 Nº 2169 “Impactos territoriales de las transformaciones en el sector agroindustrial en la Región Central Argentina. Pasado reciente y escenarios futuros.” (2009-2011). Los resultados de la investigación fueron publicados en distintas revistas y congresos internacionales.