Bioenergía y seguridad alimentaria

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) presentó un proyecto que permite repensar el papel de las energías renovables en la mejora socioeconómica de un país. De acuerdo con éste, el INTA posee un Programa Nacional de Bioenergía. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) presentó un proyecto que permite repensar el papel de las energías renovables en la mejora socioeconómica de un país. De acuerdo con éste, el INTA posee un Programa Nacional de Bioenergía.
 
“Se trata de una herramienta de análisis que evalúa si el desarrollo bioenergético puede implementarse sin dificultar la seguridad alimentaria” ya que “mientras numerosos gobiernos comenzaron a desarrollarlas como alternativas a los combustibles fósiles, a menudo lo han hecho en ausencia de una comprensión más amplia de los costos y beneficios implícitos en ello”, destacó el coordinador del proyecto, Heiner Thofern.
En este sentido, la iniciativa “Bioenergía y Seguridad Alimentaria” (BEFS en inglés) pretende abordar este asunto de manera integrada, por lo que creó un marco analítico (que estará disponible en idioma español en breve) para ayudar a comprender si el desarrollo de la bionergía es una opción viable y, de serlo, identificar políticas que maximicen los beneficios para la economía y minimicen los riesgos para la seguridad alimentaria.
En coincidencia con este organismo internacional, el INTA posee un Programa Nacional de Bioenergía centrado en “asegurar el suministro de fuentes y servicios sostenibles, equitativos y asequibles de bioenergía, en apoyo al desarrollo sustentable, la seguridad energética nacional, la reducción de la pobreza, la atenuación del cambio climático y el equilibrio medioambiental en todo el territorio argentino”.
 El coordinador de este Programa, Jorge Hilbert, afirma que “desde el inicio de la difusión y puesta en marcha de la producción de biocombustibles a nivel mundial tres temas han estado siempre en la mesa de discusión y controversia: los balances energéticos, la competencia con los alimentos y la preservación del medio ambiente”.
Biodiesel en Argentina
Las perspectivas agrícolas realizadas por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la FAO indican que en los próximos 10 años el mayor productor de biodiesel entre los países en vías de desarrollo “seguirá siendo la Argentina con el 25 por ciento del total de biodiesel producido en ellos y con el ocho por ciento de la producción global para el 2020”.
Aún contando con estos posibles beneficios futuros, la producción de biocombustibles será inconveniente si no se tiene en cuenta el cuidado ambiental y la seguridad alimentaria de la población.
No obstante, la producción bioenergética no es por sí misma ni buena ni mala; no se trata de “alimento” vs. “combustible”.
Por su parte, Hilbert coincide y destaca que “instalar una idea de competencia tiene muy escaso sustento dado el bajísimo impacto relativo de los biocombustibles en la producción agrícola en general. Por ejemplo, en Estados Unidos la producción de bioetanol a partir de maíz no ha provocado mermas significativas en los volúmenes de exportación de ese país en los últimos años”, aunque advierte que “otro es el caso de los países africanos donde la difusión de ciertos cultivos para biocombustibles ocupan tierras donde se producían o se pueden producir alimentos”.
En esta línea, Thofern estimó que si la producción de bioenergía “contribuirá o no a la seguridad alimentaria, la pobreza o la mitigación del cambio climático dependerá de cómo se desarrolle el sector de producción”.
Más información: Revista RIA revista_ria@correo.inta.gov.ar; http://ria.inta.gov.ar/?p=1031.